FRANTZ FANON CONDENADOS TIERRA PDF

Esas tropas presuntamente se comportaron de forma abiertamente racista , dando pie a muchas acusaciones de abuso sexual y conductas impropias. En esa carta, Fanon rechazaba de una vez por todas su pasado "asimilacionista". En ellos Fanon se revela como uno de los estrategas del FLN. Por otra parte, se ha dicho que sus ideas anteceden a las de pensadores como Michel Foucault , formando una de las bases del posmodernismo y poscolonialismo. Aceptar el concepto del opresor de lo que son los oprimidos es aceptar que se es salvaje, no completamente humano, inferior, etc. Sin embargo, Fanon insiste que el ser blanco no puede existir sin su complemento "ser negro".

Author:Samugor Arashiktilar
Country:Great Britain
Language:English (Spanish)
Genre:Business
Published (Last):5 October 2019
Pages:297
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ISBN:990-8-89844-163-6
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Cuando barrios enteros eran incendiados, bombardeados, pulverizados. Un pueblo en armas se daba su propia humanidad, que no era sino violencia revolucionaria contra la violencia colon al.

Estos valores valen, como se sabe, en tanto los liberales son fuertes. Sartre quiere desmitificar. Liberales, no se asusten del furor popular —les dice—; no inventaron ellos la violencia, la llevamos nosotros y ahora nos la devuelven, para ;ser hombres contra sus explotadores.

Porque quieren entrar definitivamente en la Historia. La estropeada guerra colonial ha producido una. A una trascendencia incesante. Como a madres, en cierto sentido. Los negros grecolatinos. Abandonemos a esa Europa que no deja de hablar del hombre al mismo tiempo que lo asesina por dondequiera que lo encuentra, en todas las esquinas de sus propias calles, en todos los rincones del mundo. Hace siglos Un africano, hombre del Tercer Mundo, ex colonizado.

Hay que hacer, sin embargo, una salvedad. En resumen: es una amenaza seguida de un consejo y esas ideas chocan tanto menos cuanto que brotan de la intersubjetividad nacional. Por eso su libro es escandaloso.

El ejemplo de Katanga lo ilustra muy bien. No oculta nada; ni las debilidades, ni las discordias, ni las mixtificaciones. No teme nada. Nuestro maquiavelismo tiene poca influencia sobre ese mundo, ya muy despierto, que ha descubierto una tras otra nuestras mentiras. Es a sus hermanos a quienes denuncia nuestras viejas malicias, seguro de que no tenemos alternativa.

A ellos les dice: Europa ha dado un zarpazo a nuestros continentes; hay que acuchillarle las garras hasta que las retire. Europeos, abran este libro,. Basta que nos muestren lo que hemos hecho de ellas para que conozcamos lo que hemos hecho de nosotros mismos. En Francia, en Inglaterra, el humanismo presume de universal. Con el trabajo forzado sucede todo lo contrario. No hay contrato. Ni el lavado de cerebro. Y sin embargo, a pesar de todos los esfuerzos, no se alcanza el fin en ninguna parte: ni en el Congo, donde se cortaban las manos a los negros ni en Angola donde, recientemente, se horadaban los labios de los descontentos, para cerrarlos con cadenas.

Y no sostengo que sea imposible convertir a un hombre en bestia. Pero eso no es posible. Pero no de inmediato. Para toda la vida. Taimados, ladrones. Se encuentran acorralados entre nuestras armas que les apuntan y esos tremendos impulsos, esos deseos de matar que surgen del fondo de su.

Bueno, eso quiere decir que han comprendido. Pero no del todo, sin embargo, porque ustedes no se encuentran en su lugar. En Argelia, en Angola, se mata al azar a los europeos.

Es el momento del boomerang, el tercer tiempo de la violencia: se vuelve contra nosotros, nos alcanza y, como de costumbre, no comprendemos que es la nuestra. Nuestras almas bellas son racistas. Y el colonizado se cura de la neurosis colonial expulsando al colono con las armas. Desde que empieza, es una guerra sin piedad. O se sigue aterrorizado o se vuelve uno terrible; es decir: o se abandona uno a las disociaciones de una vida falseada o se conquista la unidad innata.

Cuando los campesinos reciben los fusiles, los viejos mitos palidecen, las prohibiciones desaparecen una por una; el arma de un combatiente es su humanidad. Cuando persisten -como en el Congo- es porque son alimentadas por los agentes del colonialismo. Su amor fraternal es lo contrario del odio que les tienen a ustedes: son hermanos porque cada uno de ellos ha matado o puede, de un momento a otro, haber matado.

Pero, cualquiera que sea la inmensidad de la tarea, en cada paso de la empresa se profundiza la conciencia social. Y esto no basta: ese combatiente quema las etapas; por supuesto no arriesga su piel para encontrarse al nivel del viejo "metropolitano".

En espera de las victorias decisivas y con frecuencia sin esperar nada, hostiga a sus adversarios hasta exacerbarlos. Otro hombre: de mejor calidad. Este libro no necesitaba un prefacio. Sobre todo, porque no se dirige a nosotros.

Ustedes saben bien que somos explotadores. Palabras: libertad, igualdad, fraternidad, amor, honor, patria. Y la tortura. Para los hombres de enfrente, nuevos y liberados, nadie tiene el poder ni el privilegio de dar nada a nadie. Cada uno tiene todos los derechos. Pero, al menos, tenemos remordimientos.

Esa vieja brutalidad colonial que hizo la dudosa gloria de los Bugeaud volvemos a encontrarla, al final de la aventura, decuplicada e insuficiente.

Nada falta, ni siquiera el tam-tam: las bocinas corean "Argelia francesa" mientras los europeos queman vivos a los musulmanes. Y el malhumor. Al principio ustedes ignoraban, quiero creerlo, luego dudaron y ahora saben, pero siguen callados. Y cuando digo uno La violencia, como la lanza de Aquiles, puede cicatrizar las heridas que ha infligido.

Pero eso, como suele decirse, es otra historia. La historia del hombre. Jean-Paul Sartre, septiembre de La importancia extraordinaria de ese cambio es que es deseado, reclamado, exigido. La necesidad de ese cambio existe en estado bruto, impetuoso y apremiante, en la conciencia y en la vida de los hombres y mujeres colonizados.

Pero la eventualidad de ese cambio es igualmente vivida en la forma de un futuro aterrador en la conciencia de otra "especie" de hombres y mujeres: los colonos. El colono y el colonizado se conocen desde hace tiempo. Es el colono el que ha hecho y sigue haciendo al colonizado. El colono saca su verdad, es decir, sus bienes, del sistema colonial. Introduce en el ser un ritmo propio, aportado por los nuevos hombres, un nuevo lenguaje, una nueva humanidad.

Desde su nacimiento, le resulta claro que ese mundo estrecho, sembrado de contradicciones, no puede ser impugnado sino por la violencia absoluta. El mundo colonial es un mundo en compartimientos. El mundo colonizado es un mundo cortado en dos. En las regiones coloniales, por el contrario, el gendarme y el soldado, por su presencia inmediata, sus intervenciones directas y frecuentes, mantienen el contacto con el colonizado y le aconsejan, a golpes de culata o incendiando sus poblados, que no se mueva.

El intermediario del poder utiliza un lenguaje de pura violencia. Los expone, los manifiesta con la buena conciencia de las fuerzas del orden.

El intermediario lleva la violencia a la casa y al cerebro del colonizado. La zona habitada por los colonizados no es complementaria de la zona habitada por los colonos. Esas dos zonas se oponen, pero no al servicio de una unidad superior. La ciudad del colono es una ciudad dura, toda de piedra y hierro. Pies protegidos por zapatos fuertes, mientras las calles de su ciudad son limpias, lisas, sin hoyos, sin piedras. La ciudad del colono es una ciudad de blancos, de extranjeros. Se muere en cualquier parte, de cualquier cosa.

La ciudad del colonizado es una ciudad agachada, una ciudad de rodillas, una ciudad revolcada en el fango. Es una ciudad de negros, una ciudad de boicots. La mirada que el colonizado lanza sobre la ciudad del colono es una mirada de lujuria, una mirada de deseo. El colonizado es un envidioso. El colono no lo ignora cuando, sorprendiendo su mirada a la deriva, comprueba amargamente, pero siempre alerta: "Quieren ocupar nuestro lugar.

Cuando se percibe en su aspecto inmediato el contexto colonial, es evidente que lo que divide al mundo es primero el hecho de pertenecer o no a tal especie, a tal raza. En las colonias, la infraestructura es igualmente una superestructura. La causa es consecuencia: se es rico porque se es blanco, se es blanco porque se es rico. El siervo es de una esencia distinta que el caballero, pero es necesaria una referencia al derecho divino para legitimar esa diferencia de clases.

El mundo colonial es un mundo maniqueo. Es, nos atrevemos a decirlo, el enemigo de los valores. En este sentido, es el mal absoluto.

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